Por qué nuestro agente no decide solo
Cadri Labs
La parte fácil de un agente de IA es que responda. Eso hoy lo hace cualquiera, y lo hace bien.
La parte difícil es saber dónde tiene que parar.
Lo que aprendimos cobrando de verdad
Un cliente nos escribió un audio a las once de la noche: “me envías el recibo para mandarle un abono de tres millones de pesos… que no se te vaya a olvidar”.
El agente contestó “Anotado, yo lo dejo registrado y le paso el caso al equipo”. Sonaba perfecto. Y no registró nada, no le pasó el caso a nadie, y el cliente se quedó esperando con tres millones en la mano.
No falló el modelo: falló el diseño. En el prompt había una frase que le decía qué decir y nunca le decía qué hacer. Aprendió a sonar resolutivo sin resolver.
La regla que salió de ahí
Un agente que promete una acción y no la ejecuta es peor que uno que responde mal. Cuando responde mal, el cliente insiste. Cuando promete y no cumple, el cliente se va tranquilo — y vos te enterás cuando ya se fue.
Por eso todo lo que compromete plata o palabra pasa por una persona antes de salir. No por desconfianza en la IA: porque el costo de equivocarse ahí no lo paga el software, lo paga la relación con tu cliente.
Qué significa en la práctica
El agente cotiza con tus precios reales, aparta la hora contra tu agenda real y registra el abono con su comprobante. Después para, y le avisa a alguien de tu equipo que hay algo que confirmar.
La velocidad la pone la IA. El criterio lo siguen poniendo ustedes.